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La Coctelera

EN UNA HISTORIA SUFI

Un panadero quería conocer a Uways, y éste fue a la panadería disfrazado de mendigo. Se puso a comer un pan, y el panadero empezó a darle golpes hasta echarlo a la calle.

-¡Pero tú estás loco! –gritó un discípulo que llegaba en ese momento- ¿No te das cuenta de que acabas de expulsar al maestro que querías conocer?

Arrepentido, el panadero se aproximó al maestro y le preguntó qué podría hacer para que lo perdonase. Uways pidió que lo invitase a comer, a él junto con sus discípulos.

El panadero los llevó a un excelente restaurante, y pidió los platos más caros.

-Es así como distinguimos al hombre bueno del malvado –les dijo Uways a sus discípulos en mitad de la comida. –Este hombre es capaz de gastar diez monedas de oro en un banquete porque soy célebre, pero es incapaz de darle un pan a un mendigo hambriento.

Paulo Coelho.

CONVERSANDO CON LOS NIÑOS

¿Qué es la traición?

Caminando por la calle, el profeta preguntaba:

-¿Acaso no somos todos hijos del mismo Padre Eterno?

La multitud asentía. Y el profeta continuaba:

-Entonces, ¿por qué traicionamos a nuestro hermano?

Un chico que estaba presente le preguntó a su padre:

-¿Qué es traicionar?

-Es engañar a un compañero para sacar algún provecho.

-¿Y por qué traicionamos a nuestro compañero? –insistió el chico.

-Porque alguien empezó en el pasado y desde entonces nadie ha sabido cómo romper la cadena: o estamos traicionando o alguien nos está traicionando. Así siempre.

-Entonces yo no voy a traicionar a nadie –dijo el chico.

Y así lo hizo. Creció, recibió muchos golpes en la vida, pero cumplió su promesa.

Sus hijos sufrieron menos y fueron menos castigados por la vida.

Sus nietos ya nada sufrieron.

EL PESO DEL DINERO

Salvador García trabajaba de cargador para una compañía de transportes en Madrid, España. Su oficio consistía en descargar los camiones y almacenar la mercancía en grandes bodegas. Con eso tenía para el sustento de su familia.

Esa mañana Salvador comenzó temprano su trabajo. Pero era un cargamento descomunal. Se trataba de cajas llenas de monedas. Lamentablemente, por un mal movimiento, se le vino encima una pila de éstas. El hombre maniobró para esquivarla, pero no con suficiente rapidez para librarlo del golpe. Por lo pequeño y flaco que era, Salvador no soportó el peso de tantas monedas encima, en total 410 kilos.

El que a un hombre lo aplaste el peso del dinero no es nada fuera de lo común. Al contrario, es algo que sucede todos los días. Lo extraordinario del caso es que lo que aplastó al hombre fue el peso físico del dinero y no el peso mental. ¿Por qué será que hay tanta gente que muere bajo el peso de la obsesión con el dinero?

«¡Dinero, dinero! —exclamó Eca de Queiroz, escritor portugués—. ¿Qué no hacen los hombres por el dinero? ¡De todo! Aun vender su alma inmortal.»

El apóstol Pablo, en una carta a su discípulo Timoteo, le dice: «Los que quieren enriquecerse caen en la tentación y se vuelven esclavos de sus muchos deseos. Estos afanes insensatos y dañinos hunden a la gente en la ruina y en la destrucción. Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Por codiciarlo, algunos se han desviado de la fe y se han causado muchísimos sinsabores» (1 Timoteo 6:10). Es interesante notar cómo el apóstol describe el peligro del dinero: el amarlo «es la raíz de toda clase de males».

¿Qué es el amor al dinero? Es la pasión obsesionante y enfermiza de querer más y más, de nunca tener lo suficiente. A algunos la obsesión los hace ahorrar y ahorrar sin saber ni para qué. A otros la obsesión los hace gastar y gastar, y de lo que obtienen nunca hay fin. El dinero que en forma desmedida obtenemos, y todo lo que conseguimos que va más allá de nuestras necesidades, nunca bastarán para satisfacer nuestra avaricia. Si sólo anhelamos lo material, viviremos ansiosos toda la vida.

De los labios de Roger Bacon, monje inglés de la edad media, salieron las siguientes palabras, que son oro: «El dinero es como el estiércol. Amontonado, apesta, pero desparramado por el mundo, fertiliza.»

Sólo cuando Jesucristo es nuestro Señor podemos ser libres de la pasión por el dinero y del peso mortal de la avaricia. Porque Cristo nos da el equilibrio necesario para saber usar el dinero, sin dejarnos dominar por él.


LOS BUENOS MILAGROS

Tres personas iban caminando por una vereda de un bosque: un sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante alumno del sabio.
Poderoso: "me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa, inclusive puedes hacer milagros".

Sabio: "soy una persona vieja y cansada... ¿cómo crees que yo podría hacer milagros?".

Poderoso: "pero me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos..... esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso".

Sabio: "¿te referías a eso?, tú lo has dicho, esos milagros sólo los puede hacer alguien muy poderoso... no un viejo como yo; esos milagros los hace Dios, yo sólo pido se conceda un favor para el enfermo, o para el ciego ,todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo".

Poderoso: "yo quiero tener la misma fe para poder realizar los milagros que tú haces..... muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios".

Sabio: "Esta mañana ¿volvió a salir el sol?".

Poderoso: "sí, claro que sí!!".

Sabio: "pues ahí tienes un milagro..... el milagro de la luz".

Poderoso: "No, yo quiero ver un VERDADERO milagro, oculta el sol, saca agua de una piedra.... mira hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas".

Sabio: "¿quieres un verdadero milagro?, ¿no es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días?".

Poderoso: "sí!!, fue varón y es mi primogénito".

Sabio: "ahí tienes el segundo milagro.... el milagro de la vida".

Poderoso: "sabio, tú no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro..."

Sabio: "¿acaso no estamos en época de cosecha?, ¿no hay trigo y sorgo donde hace unos meses sólo había tierra?".

Poderoso: "sí, igual que todos los años".

Sabio: "pues ahí tienes el tercer milagro...."

Poderoso: "creo que no me he explicado, lo que yo quiero...." (el sabio lo interrumpe)

Sabio: "te has explicado bien, yo ya hice todo lo que podía hacer por ti.... si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer". Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. El sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda; cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para ver lo que hacían el sabio y su alumno, el sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomó al conejo, sopló sobre él y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado.

Joven: "maestro: te he visto hacer milagros como éste casi todos los días, ¿por qué te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿por qué lo haces ahora que no puede verlo?".

Sabio: "lo que él buscaba no era un milagro, era un espectáculo. Le mostré 3 milagros y no pudo verlos.... para ser rey primero hay que ser príncipe, para ser maestro primero hay que ser alumno... no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día. El día que aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Dios te da todos los días sin que tú se los hayas pedido".

Cuando estamos en problemas siempre pedimos ayuda a Dios y eso está bien porque no hay nadie que pueda ayudarnos más que Él, pero pídele la cordura para pensar claramente, la paciencia necesaria para mantenerte tranquilo y actuar bien, la fortaleza necesaria para afrontar los retos y la fe suficiente para seguirlo amando sin importar lo que pase.... Pídele esos milagros, no le pidas simplemente que resuelva tus problemas sólo porque te da miedo afrontarlos por ti mismo.....

EVITE EL REUMATISMO

El cienpiés decidió preguntar al sabio del bosque, un mono, cuál era el mejor remedio para el dolor de sus piernas.
"Esto es reumatismo", dijo el mono, "Tienes demasiadas piernas. Necesitarías ser así como yo; con solo dos. Así raramente el reumatismo aparece”.
"¿Y cómo hago para tener solo dos piernas?”
"No me molestes con detalles”, respondió el mono.”Un sabio solamente da el mejor consejo, tú eres quien resolverá el problema”.

Paulo Coelho.

DECIDIENDO EL DESTINO AJENO

Malba Tahan cuenta la historia de un hombre que encontró a un ángel en el desierto, y le dio agua. “Soy el ángel de la muerte y he venido buscarle”, dijo el ángel.
“Pero como ha sido bueno, voy a prestarle el Libro Del Destino cinco minutos; podrá alterar lo que quiera. "
El ángel le entregó el libro. Al hojear sus páginas, el hombre fue leyendo la vida de sus vecinos. Se quedó descontento: Estas personas no merecen cosas tan buenas, pen­só. De bolígrafo en puño, empezó a empeorar la vida de cada uno.
Finalmente, llegó a la página de su destino. Vio su final trágico, pero cuando se preparaba para cambiarlo, el libro desapareció. Ya habían pasado los cinco minutos.
Y el ángel, allí mismo, se llevó el alma del hombre.

Paulo Coelho.

ESO VA A FUNCIONAR TAMBIEN CON NOSOTROS

Una fábula del escritor libanés Mikail Naaimé puede ilustrar bien el peligro de seguir los métodos de los otros, por más nobles que parezcan ser:
"Necesitamos liberarnos de la esclavitud en la que el hombre nos mantiene”, dijo un buey a sus compañeros. "Durante años hemos escuchado a los seres humanos diciendo que la puerta de la libertad está manchada con la sangre de los mártires. Vamos a descubrirla y entraremos allí con la fuerza de nuestros cuernos”.
Caminaron durante días y noches por la carretera hasta que vieron una puerta toda manchada de sangre.
"Esta de aquí es la puerta de la libertad” dijeron. Sabemos que nuestros hermanos fueron sacrificados aquí.
Uno a uno, los bueyes fueron entrando. Y solamente allí adentro, cuando ya era demasiado tarde, fue que se dieron cuenta: era la puerta del matadero.

Paulo Coelho.

YO SE LO QUE ES CIERTO

Un campesino volvía hacia su casa, cuando vio a un burro en el campo.
"No soy sólo un burro”, dijo el animal. “Yo vi nacer al Mesías. Vivo desde hace dos mil años, y estoy vivo para dar este testimonio.
Asustado, el campesino corrió hacia la iglesia y le contó al párroco. “Imposible”, dijo él. El campesino lo tomó por las manos y lo llevó hasta donde estaba el burro. El animal repitió todo lo que había dicho.
“Repito: los animales no hablan” dijo el padre.
“Pero Vd. Lo oyó!” - insistió el campesino.
“¡Cómo eres de tonto! Prefieres creer en un burro que en un padre!”

Paulo Coelho.