11 Noviembre 2009
Celebro la grandeza de las cosas pequeñas,
de las cosas triviales, sencillas, hogareñas.
Quisiera que este verso fuera un canto de gesta
que exalte las hazañas de la gente modesta.
Quisiera que este verso fuera un himno discreto
que exalte al hombre medio, responsable y concreto.
Quisiera que este verso resulte una balada
que exalte al hombre honrado y a la mujer honrada.
Celebro la batalla de apariencia anodina
que se libra en los campos de la diaria rutina.
Celebro a tanta gente que empieza la jornada
levantándose alegre en plena madrugada.
Celebro ese gobierno que ejercen las mujeres
y que los formularios definen: sus quehaceres.
Gobierno que se inicia cuando encienden puntuales
en sus casas dormidas los fuegos matinales.
Celebro los aromas que inundan la cocina:
celebro la fragancia del café y de la harina.
Celebro cada gesto, celebro cada frase,
preparando los hijos cuando salen a clase:
que ajustar la corbata, que observar los detalles,
recomendar cuidado para cruzar las calles.
Y celebro a los chicos con delantales blancos
cuando escuchan atentos sentados en sus bancos.
Celebro las lecciones sabidas a conciencia,
los triángulos, los mapas pintados con paciencia.
Celebro la epopeya del trabajo bien hecho,
del horario completo, del deber satisfecho.
Celebro las proezas del último escribiente
que no demora el curso que sigue un expediente.
Celebro la respuesta simpática y precisa.
Celebro la fatiga detrás de una sonrisa.
Celebro la tarea comenzada y concluida.
Celebro la herramienta que se limpia y se cuida.
Celebro a quien mensura los alcances de un riesgo
cuando avanza prudente por atajos al sesgo.
Y celebro asimismo la decisión valiente
que lleva en ocasiones a jugarse de frente.
Celebro la costumbre de decir la verdad.
Celebro la constancia. Celebro la amistad.
Celebro la finura de esa ayuda encubierta
que se presta de modo que ninguno lo advierta.
Celebro los escritos con renglones prolijos.
Y celebro el coraje de tener muchos hijos.
Celebro que se cumplan los acuerdos verbales.
Celebro la clemencia de los buenos modales.
Celebro al funcionario que cumple sus funciones.
Y celebro al vecino que riega sus malvones.
Celebro a quien comparte la pesadumbre ajena.
Celebro a quien festeja la dulce Nochebuena.
Celebro al vigilante, celebro al carpintero.
Celebro el trato franco y el amor verdadero.
Celebro las parejas de novios que en verano
caminan por los parques tomados de la mano.
Y celebro el cariño de mujer y marido
cuando llevan ya un largo camino recorrido.
Celebro los abuelos que ríen con su nietos.
Celebro a quienes saben mantener los secretos.
Celebro al hombre humilde que construye un país:
del árbol florecido celebro la raíz.
Celebro a los que pisan con firmeza en el suelo
mientras alzan confiados sus ojos al cielo.
Y concluyo este verso con el párrafo aquel:
"quien es fiel en lo poco será en lo mucho fiel"
Juan Luis Gallardo
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11 Noviembre 2009
Érase una vez un pequeño que tenía ganas de llegar a la cima de una montaña. Y comenzó el camino ¡y paass! que se resbala. Se pone a llorar y gritarle a la vereda. Avanza unos metros ¡y paass! se raspa los brazos. Se detiene, se pone a llorar y se enoja contra los arbustos. Sigue avanzando ¡y zaas! comienza a llover "maldita lluvia". Se detiene, se enoja y se queda detenido por unos minutos.
Y entonces un ángel baja y le dice "¿por qué enojarte contra la naturaleza? Así la creó Dios. Si quieres llegar a la montaña ¿qué te conviene hacer?".
A lo que el pequeño respondió: "me siento muy enojado porque los arbustos me dañan y la vereda hace que me tropiece, pero si sigo parado y llorando ¡seguiré aquí! y yo lo que quiero, es llegar a la cima y contemplar las estrellas desde ahí".
El ángel replicó: "La vereda te hará caerte, los arbustos seguirán hiriéndote y la lluvia mojándote, que harás de diferente, entonces?"
"Soportar y seguir avanzando" respondió el niño. "Cada vez que la lluvia me moje, aunque no me guste, pensaré que quiero llegar a la cima, cada vez que el arbusto me hiera, aunque me duela, pensaré en la visión desde la cima que me espera cuando llegue ¡que tonto he sido! cada minuto que me paro y me pongo a llorar, es un minuto que desperdicio en avanzar. No volverá a suceder."
Las dificultades en el camino del pequeño siguieron siendo las mismas. No era agradable, pero la diferencia, es que mantenía la visión de la cima y eso le daba fuerzas para seguir.
¿Llegó? No lo sabemos. Pero entender que la naturaleza era así y seguir avanzando a pesar de todo, hizo un mundo de diferencia en su vida.
* Autor: Edgar Martínez (México) *
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11 Noviembre 2009
Había una vez una ostra cuya historia cuento, que halló que algo de arena se había metido en su concha. Era tan solo un grano, pero le produjo gran dolor ya que las ostras tienen sentimientos aunque sean tan simples.
Ahora, ¿minimizó ella las ásperas labores del destino que la llevó a tan deplorable estado? ¿Maldijo al gobierno, reclamó elecciones, y demandó que el mar debió haberle brindado protección?
No, se dijo a sí misma mientras yacía en una concha, ya que no puedo removerla, intentaré mejorarla. Ahora los años han pasado, como los años siempre lo hacen. Y llegó a este su destino final: un guisado.
Y el diminuto grano de arena que tanto la había molestado era un hermosa perla preciosamente radiante. Ahora el cuento tiene una moraleja, ya que ¿no es maravilloso lo que una ostra puede hacer con un bocado de arena?
¿Qué no podríamos hacer si tan solo comenzásemos con algunas de las cosas que nos molestan?
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7 Noviembre 2009
Hace tiempo ya me encontraba caminando en un parque, en él había unos pequeños jardines pero todos tenían unas mayas cubriéndolos para que las personas que pasaban por ahí no pudiesen arrancar las lindas rosas que estos contenían, excepto uno que estaba totalmente destapado y el cuál contenía un letrero que decía: "toma lo que debes, y deja que los demás disfruten con lo que tomes".
En algún momento pensé que era solo una broma. No me parecía normal que los cuidadores del jardín permitieran eso. Me quedé un momento pensando en que si debía o no tomar lo que se me ofrecía, decidí irme todavía dudando. En realidad eran unas rosas hermosas y me moría de las ganas de tomar una... pero no quería arriesgarme a que alguien me llamara la atención así que proseguí mi camino.
15 minutos después reflexioné que si había ese letrero ahí era por algo y además de que no a la vista de todos si no hubiese sido así los cuidadores de jardines lo hubieran quitado.
Así es que decidí regresar y tomar lo que me correspondía. De verdad fue grande mi sorpresa cuando llegue al lugar y ya no estaban.
Un señor que observaba me pregunto si se me ofrecía algo, yo le dije que hacia aproximadamente 15 minutos había visto un gran rosal y él me respondió que sí:
"Efectivamente joven, pero lo que usted no sabe es de que era solo una única oportunidad, que usted como muchos dejó pasar por que dudó lo que vio o simplemente le dijeron".
Lo siento joven pero estas oportunidades no se ven todos los días suerte para la próxima.
En ese momento me retiré del lugar arrepentido por no tomar en el momento que se me ofrecía la oportunidad. "Que mala suerte"- pensé- si la hubiera tomado cuando era tiempo.
Así es en la vida se nos presentan oportunidades y las dejamos ir y cuando queremos remedarlo ya es demasiado tarde para pensarlo.
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7 Noviembre 2009

Sabremos si nuestra actitud está en el carril apropiado cuando seamos como el modesto hombre de negocios cuya tienda de ropa estaba amenazada con desaparecer.
La tienda de una cadena nacional se había instalado allí y había adquirido todas las propiedades de su manzana. Este hombre muy particular se rehusó a vender. «Muy bien, entonces construiremos a su alrededor y lo sacaremos del negocio», le dijeron los competidores.
Llegó el día cuando el pequeño comerciante se encontró encerrado, con una nueva tienda por departamentos rodeando por ambos lados a su pequeño negocio. Los cartelones de los competidores anunciaban «¡Gran inauguración!»
El comerciante puso un cartel a todo lo ancho de su tienda que decía: «Entrada principal».
Los grandes líderes surgen cuando ocurren las crisis. En las vidas de las personas que triunfan vemos repetidamente terribles problemas que les fuerzan a levantarse por encima del promedio común.
No sólo encuentran las respuestas sino que descubren un tremendo poder dentro de sí mismas. Como el agua subterránea produce olas muy adentro en el océano, esta fuerza interior explota en una poderosa onda cuando las circunstancias parecen superarse. Entonces transpone el límite el deportista, el autor, el estadista, el científico o el hombre de negocios.
David Sarnoff dijo: «Hay mucha seguridad en el cementerio; anhelo las oportunidades».
Tomado del libro: . Actitud de Vencedor. John C. Maxwell
Siempre hay una salida frente a las crisis de la vida. La clave para encontrar la puerta de salida esta siempre en nuestra actitud. Cuál es la tuya hoy?
Jehová guardará tu salida y tu entrada Desde ahora y para siempre. Sal 121:8
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7 Noviembre 2009
Roberta de apenas dieciséis años, fue abandonada por su esposo, obligándola a criar sola a sus dos hijos. Vivía en México, en extrema pobreza, no tenía ningún tipo de educación, pero soñaba con una vida mejor. Solo con muy poco dinero para alimentar ese sueño, se dirigió a Los Ángeles, en donde usó sus últimos siete dólares para tomar un taxi que la llevaría a la casa de un pariente lejano.
Roberta se negó a vivir de la caridad de otros. Rápidamente encontró dos trabajos como lava copas, y haciendo tortillas desde la medianoche hasta las seis de la mañana. Esto le permitió ahorrar quinientos dólares que invirtió en su propia máquina de hacer tortillas.
Con el correr del tiempo, y con mucho esfuerzo, Roberta se convirtió en la directora del mayor negocio de venta de mayorista de alimentos de México en el mundo. Y agregado a este éxito, Roberta Banuelos fue escogida personalmente por Dwight D. Eisenhower para ser la trigésimo séptima Ministra de Hacienda de los Estados Unidos.
Ella fue ejemplo de lo que Eisenhower dijo acerca de los sueños que impulsan nuestro futuro: "Tenemos éxito solamente si elegimos un objetivo predominante en la vida, en la guerra o en cualquier otro lado, y conseguir que todas las demás circunstancias se inclinen ante ese único objetivo".
El futuro pertenece a los que creen en la belleza de sus sueños.
Marcos 9:23
Todas las cosas son posibles para el que cree.
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2 Noviembre 2009
Marta le había pedido a Juan durante un año que le preparara la tierra para un jardín. Finalmente, él accedió. Prepararon juntos la tierra, mezclándola con los mejores fertilizantes y aditivos para su terreno.
A Marta no le gustaban las flores que habían en el vivero de la zona por lo que le pidió a su esposo que la dejase encargar por catálogo algunas variedades únicas. Eligió entusiasmada cada una, casi todas las plantas muy caras. Va a ser el jardín más lindo de todo el barrio, pensó. Nadie podrá igualar estas bellezas.
Las delicadas plantas llegaron por correo y Marta empezó a trabajar inmediatamente. Plantó y regó, puso fertilizante, observó y esperó. Pero no pasaba nada. Una por una, las hojas se fueron poniendo amarillas y se caían.
Al terminar la primavera, no le quedaba ni una sola planta. Todas se habían marchitado y muerto.
Marta le escribió una carta al vivero que le había enviado las plantas por correo exigiendo que le devolvieran el dinero.
Dos semanas después, recibió la respuesta.
"Señora, su carta indica que usted plantó las flores en una zona de sombra y les dio los mejores nutrientes disponibles. Sus plantas no crecieron por las siguientes razones: Las plantó en un lugar equivocado. Usted mandó pedir plantas que necesitan recibir sol directamente. Aunque se esmeró en preparar el terreno, estas plantas, sin excepción mueren si no les da el sol. La próxima vez, por favor, lea las instrucciones antes de encargar las flores para plantar en su jardín."
Vía Renuevo de Plenitud
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2 Noviembre 2009
"Cerca del río Indo había un persa llamado Alí Hafed.
Era dueño de una enorme hacienda en la que vivía cómodamente con su familia. Sin embargo, el hombre, aunque rico, sentía que su existencia carecía de sentido y tenía el legítimo deseo de superarse aún más...
Un día cierto viajero le mostró un diamante y le dijo cuánto valía. El hombre rico obsesionado con la idea de volverse multimillonario vendió la granja, dejó a su esposa e hijos encargados temporalmente con un familiar y salió en pos de su anhelo.
Alí se gastó cuanto dinero tenía buscando diamantes en todas las playas y ríos de arenas claras, hasta entonces conocidos. Ya en la miseria volvió anónimamente a su ciudad después de varios años pero su familia se había mudado.
Como un vagabundo fracasado, desalentado y perdido, se adentró en el mar y se suicidó...
Lo verdaderamente trágico de la historia es ésto:
El hombre que compró la granja de Alí Hafed, una mañana que estaba dando de beber a sus camellos en el arroyo que pasaba por su terreno, vio una piedra negra que emitía un destello de luz. La limpió y descubrió un cristal precioso. Escarbó en las aguas del riachuelo y casi a flor de piso halló gemas más hermosas y grandes aún.
De esta forma y en ese precioso lugar, se descubrió el yacimiento de diamantes más grande del mundo: La mina "Golconda". Las gemas más maravillosas que se han hallado provienen de la que fue la granja despreciada de Alí Hafed."
Cuántas veces sucede esta situación en nuestras vida no sabemos valorar lo que tenemos. Por el contrario, nunca estamos conformes con lo que poseemos:
nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestro hogar, nuestro trabajo, nuestra familia, nuestra capacidad, nuestras virtudes, nuestra vida, nuestra comunidad, nuestro país, nuestro planeta.
Buscamos las cosas superfluas, olvidando el verdadero tesoro que cada uno tiene a su alrededor y dentro de sí mismo. Como bien lo decía Daniel Defoe, en su novela "Robinson Crusoe":
"Si somos desdichados a causa de lo que nos falta, es porque no sabemos agradecer lo que tenemos".
¿Cuándo fue la última vez que contemplaste un atardecer en verano?
¿Cuándo fue la última vez que apreciaste la sonrisa sincera en el rostro de un niño?
¿Cuándo fue la última vez que sentiste el roce del viento en tu cuerpo o el aroma de una flor en tu nariz?
¿Cuándo fue la última vez que disfrutaste la plática alegre de un anciano que solo quería que alguien tuviera tiempo para él?
¿Cuándo fue la última vez que le prestaste atención a tu voz interna que te decía: quiero cambiar?
Los tesoros más maravillosos existen en tu entorno. Allí están y sólo esperan que tú los descubras. Todo consiste en sacar un poco de tu tiempo y simplemente disfrutarlos.
El primer paso es sencillo:
cambiar tu actitud de la vida, sin despreciar aquello que te fue dado. Sólo mientras reconozcas que eres una persona especial, te sentirás inmensamente millonaria con lo que posees.
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