NIEBLAS
La niebla invernal estaba espesa esa mañana. El tránsito se movía lentamente, y cada motorista ponía más atención que de costumbre. El conductor del tren que pasaba por la ciudad hacía sonar insistentemente la alarma en cada paso a nivel.
También estaba espesa la niebla en la mente de María Castañeda, madre de treinta y seis años de edad, espesa de droga. Y María iba empujando un carrito de esos en que se lleva el mercado, cuando las ruedas se atascaron en las vías del tren. En el carrito iba su hijita Crystal, de dieciocho meses.
Al ver que se acercaba el tren, la mujer no supo atinar a nada. Quedó como congelada en medio de las vías, y así estaba cuando el tren las arrolló a las dos.
Es muy serio el problema, para el tránsito de vehículos, que causa una niebla espesa. Provoca muchos accidentes de motoristas desprevenidos. Así mismo, es serio el problema que causan la niebla del alcohol y de la droga en el cerebro humano. Los testigos de aquel accidente dijeron que la mujer tuvo tiempo para salvarse, de haber estado en posesión de sus facultades.
Hay muchas nieblas que ofuscan y entorpecen el alma humana. No es solamente la niebla de los estupefacientes. Los prejuicios personales que nos atan y nos dominan son también niebla que enturbia nuestro juicio. Muchas veces cometemos errores dolorosos porque nos dejamos llevar de un prejuicio personal, que con el tiempo descubrimos carecía de razón.



haptesupreina dijo
Si una de esas nieblas que nos llevan a la destruccion , como le paso a esa madre espesa, es el orgullo...falsa niebla que deforma toda la realidad e impide avanzar.
besos
6 Diciembre 2006 | 06:20 PM