AL AMPARO DEL AMOR GENUINO

Era una muchacha del pueblo. Pobre, desaliñada, perdida, pasaba de mano en mano como moneda falsa, pero ninguno se quedaba más que un rato con ella. Le habían puesto un mote humillante. Ella lo soportaba con resignación, la misma resignación con que soportaba toda su vida de vergüenza y tristeza.
Un día un hombre rico del pueblo le dijo: «Ven a vivir conmigo.» Y la muchacha aceptó su oferta. De ahí en adelante tuvo un hombre a su lado. Tuvo hogar. Tuvo un lecho digno. Y sobre todo, tuvo lo que nunca antes había tenido: tuvo amor.
Pasaron los años. La muchacha olvidó su pasado. Supo lo que era la felicidad. Fue fecunda. Tuvo hijos hermosos e inteligentes. Y cuando murió el hombre que la había amparado, quedó dueña de su apellido, de su dignidad y de su herencia.
Esta historia verídica, aunque anónima, muestra lo que puede lograr el amor cuando es genuino. No hay fuerza en el mundo superior a la fuerza del amor. Aunque algunos digan que el odio, la venganza y la codicia son pasiones más fuertes, y que el dinero y las armas tienen más potencia, el amor sigue siendo la fuerza más grande del mundo.
