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La Coctelera

MOMENTOS DE REFLEXION

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11 Septiembre 2007

DAME UN NUEVO ROSTRO,SEÑOR¡¡¡



La chiquilla se miró en el espejo. Tenía diez años de edad. Se había estado mirando en el espejo desde que tenía tres años. A pesar de ser tan pequeña, cada vez que se miraba, ella sabía que su reflejo en el espejo no iba a ser nada agradable. Le faltaba la mitad del rostro, incluyendo un ojo; los dientes le salían de la boca y apuntaban al costado; y una oreja era más grande que la otra.
Cuando se miró esta vez, a los diez años de edad, Michelle Willis, de Sunderland, Inglaterra, hizo una oración: «Señor, soy demasiado fea para que alguien me quiera. ¡Dame, por favor, Señor, un nuevo rostro!»
Ocho años después, cuando cumplía dieciocho años, con un nuevo rostro recompuesto con la cirugía plástica y con la paz de Dios en el corazón, Michelle se casó. El nuevo rostro le había dado nueva vida.
¡Cuántas veces al cambiar el aspecto físico de una persona, cambia también su carácter! A pesar de haber nacido con alguna anomalía en el rostro o en el cuerpo, cuando ésta se corrige, la persona comienza una nueva existencia. Incluso, todo su destino toma un rumbo sano y brillante.
Lo mismo pasa con el medio ambiente social en que uno nace, vive y crece. Si es pobre, triste, infértil, plagado de malezas y de miserias, así será el carácter y el ánimo de sus habitantes. Si bien pueden crecer lirios en el fango, difícilmente crecen ángeles en medio de la miseria.

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