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La Coctelera

MOMENTOS DE REFLEXION

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25 Septiembre 2007

AVION,AVION


El avión despego tan delicadamente como lo haría una paloma en una tarde de primavera del año mil ochocientos noventa y cuatro o de cualquier otro año. Mi compañera de asiento era una jovencita de quince años recién cumplidos. Tan recién cumplidos los tenía que todavía llevaba puesto su vestidito blanco manchado con económica cerveza. La note mareada, le exigí a la azafata una bolsa. Me la dio. Yo se la di a la gurisa y le provoque el vomito metiéndole en su garganta la extensa uña del dedo gordo de mi pie izquierdo. Ella vomito y mientras lo hacía me agradeció acariciándome la nuca con su muñeco Nenuco, el cual llevaba en su falda vestido de indio centroamericano. Después de tres horas de constante devolución alimenticia apareció el piloto, un ser pelado y con barba al estilo candado, y me gritó - Devolvé la bolsa. Se la devolví. El pasajero que se encontraba delante de mi hablaba en voz alta, tan alta como la altura que había remontado el avión en el cual viajábamos ambos. Estaba enojado, refunfuñaba como una histérica adolescente esperando el llamado de su novio, novio que obviamente le estaba metiendo los cuernos, hecho que ejercía metiendo otra cosa dentro de su mejor amiga. El pasajero le recriminaba a su acompañante de esta manera - Sueles dejarme solo - pero lo extraño es que no tenia acompañante. O quizá su acompañante ya había desaparecido justificándose ahora el reproche anteriormente enunciado.
De repente, por el pasillo, paso corriendo a mi lado un ser pequeño y peludo, de anteojos ahumados. Un policía salto sobre el abrazándolo en el aire. Ambos cayeron al piso. El pequeño ser le dijo mirándolo a los ojos al azulado - Tu me estas atrapando otra vez - El policía lo soltó y a modo de disculpas le obsequio su peluquín amarillo por la grasa y el tiempo. El pequeño lo tomo, lo enrolló y se lo fumo. Luego le autografió la pelada al cana con un estilógrafo usado. El policía agradecido se fue tranquilo arrancándose el cuero cabelludo y guardándoselo en el bolsillo como recuerdo.
De repente un señor muy flaco y plateado me tomo por las solapas y me grito - Dime quien me lo robo - Yo no supe que decirle y por ende no dije nada. El delirante ser rompió la ventanilla y se arrojo por la misma hacia la nada. El avión comenzó a temblar descontrolado y luego explotó.



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