TENTACIONES
El hombre estaba acostado e inerte. Primero tocaba quitarle la ropa. Luego había que hacerle una incisión en el abdomen, extraerle los órganos mayores, abrirle el tórax, y examinar el corazón, los pulmones y el esófago.
El procedimiento era una autopsia que se hacía a un hombre muerto por asfixia. Pero esta vez el cirujano Timothy Hosmer, de San Antonio, Texas, le abrió algo más a su paciente. Le abrió, también, los bolsillos, y encontró allí 53 dólares. En su estupidez, se apropió del dinero, y por ese acto perdió su empleo como médico forense.
Cincuenta y tres dólares no valían un trabajo bueno, prestigioso y bien remunerado. El médico debió haberle entregado ese dinero a las autoridades para que éstas a su vez se lo entregaran a los familiares del difunto. Ese era el procedimiento normal. Pero bien dice el refrán: «La ocasión hace al ladrón.» Sin duda alguna, cuando comenzó la autopsia, no tenía ningún interés en semejante dinero. Pero cuando vio los billetes, y se creyó solo, le resultó fácil quedarse con ellos.
¡Cuántas veces se hace realidad ese sarcástico refrán: «La ocasión hace al ladrón»! ¡Cuántas adolescentes inexpertas se dejan tentar por una ocasión propicia, y cometen el mal, quedando engañadas! ¡Cuántas veces un esposo, honesto y bueno, se deja tentar por otra de esas ocasiones, y comete adulterio! ¡Cuánto cajero, en el manejo del dinero, se deja tentar también por una ocasión que cree favorable, y comete el delito que lo lleva a la cárcel!
Más vale que tengamos cuidado con las ocasiones propicias. Hay muchos que, normalmente, jamás cometerían un delito, pero que caen en él por querer aprovechar la ocasión.


