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La Coctelera

MOMENTOS DE REFLEXION

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22 Julio 2008

LA FACTURA OLVIDADA

Liderazgo - Factura

Las tenemos en casa en cualquier parte. Son papeles que a unos asustan y a otros satisfacen. Son las facturas. Muchos se entusiasman en el momento y después quieren esconderse porque les cuesta pagar. Otros viven de las ofertas del momento, “adquiera ahora y pague después. Pero la peor factura de nuestra vida, no es la comercial, sino la factura moral y espiritual.

Son muchos los líderes que juegan con las cosas prohibidas y se olvidan que todo tiene una factura en esta vida. La Biblia nos presenta muchos casos de facturas olvidadas que luego fueron cobradas a hombres y mujeres que tenían una función especial en el pueblo de Dios. Judá es uno de ellos. En Génesis 38 . Judá tenía varios hijos entre ellos Er se casó con Tamar.

Era costumbre que al morir un esposo sin dejar descendencia la esposa del difunto tenía que casarce con el hermano inmediato del difunto. Tamar se casó con Onán , pero él se negó a llevar descendencia y por ello Onan murió. El hermano que seguía era Sela , pero era muy joven y Judá le dijo a Tamar quédate sola hasta que crezca Sela. El tiempo pasó y Judá no cumplió con darle a Tamar su hijo Sela.

Un día Judá, luego de enviudar se encontró con una mujer que parecía prostituta, cubierta con velo. Creyendo que era prostituta, se acercó y le propuso el estar con ella y para ello prometió enviarle un cabrito. Ella, le pidió una prenda mientras el cabrito llegaba y Judá le preguntó que prenda quieres. “Tu sello, tu cordón y tu báculo”.

Veamos el pasaje directamente desde la Biblia:

“ Después de mucho tiempo, murió la esposa de Judá, la hija de Súa. Al concluir el tiempo de duelo, Judá fue al pueblo de Timnat para esquilar sus ovejas. Lo acompañó su amigo Hirá, el adulanita. Cuando Tamar se enteró de que su suegro se dirigía hacia Timnat para esquilar sus ovejas, se quitó el vestido de viuda, se cubrió con un velo para que nadie la reconociera, y se sentó a la entrada del pueblo de Enayin, que está en el camino a Timnat.

Esto lo hizo porque se dio cuenta de que Selá ya tenía edad de casarse y aún no se lo daban a ella por esposo.

Cuando Judá la vio con el rostro cubierto, la tomó por una prostituta. No sabiendo que era su nuera, se acercó a la orilla del camino y le dijo:

—Deja que me acueste contigo.

—¿Qué me das si te digo que sí? —le preguntó ella.

—Te mandaré uno de los cabritos de mi rebaño —respondió Judá.

—Está bien —respondió ella—, pero déjame algo en garantía hasta que me lo mandes.

—¿Qué prenda quieres que te deje? —preguntó Judá.

Dame tu sello, tu cordón, y el bastón que llevas en la mano —respondió Tamar.

Judá se los entregó, se acostó con ella y la dejó embarazada. Cuando ella se levantó, se fue inmediatamente de allí, se quitó el velo y volvió a ponerse la ropa de viuda.

Más tarde, Judá envió el cabrito por medio de su amigo adulanita, para recuperar las prendas que había dejado con la mujer; pero su amigo no dio con ella. Entonces le preguntó a la gente del lugar:

¿Dónde está la prostituta​ de Enayin, la que se sentaba junto al camino?

—Aquí nunca ha habido una prostituta así —le contestaron.

El amigo regresó adonde estaba Judá y le dijo:

No la pude encontrar. Además, la gente del lugar me informó que allí nunca había estado una prostituta como ésa.

—Que se quede con las prendas —replicó Judá—; no es cuestión de que hagamos el ridículo. Pero que quede claro: yo le envié el cabrito, y tú no la encontraste.

Como tres meses después, le informaron a Judá lo siguiente:

—Tu nuera Tamar se ha prostituido, y como resultado de sus andanzas ha quedado embarazada.

—¡Sáquenla y quémenla! —exclamó Judá.

Pero cuando la estaban sacando, ella mandó este mensaje a su suegro: «El dueño de estas prendas fue quien me embarazó. A ver si reconoce usted de quién son este sello, el cordón , y este bastón.»

Judá los reconoció y declaró: «Su conducta es más justa que la mía, pues yo no la di por esposa a mi hijo Selá.» Y no volvió a acostarse con ella.

A Judá se le pasó una factura que él había olvidado. Cada una de las tres cosas eran de gran significado para Judá.

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