EL MAESTRO Y EL DISCIPULO
El maestro le dice al discípulo:
-Acércate al cementerio. Una vez allí, con toda la fuerza de tus pulmones, comienza a gritar toda clase de halagos a los muertos.
El discípulo se dirige al cementerio. Una vez allí, comienza a decir toda suerte de elogios a los muertos y después regresa junto al maestro.
-¿Qué dijeron los muertos?- pregunta el maestro.
-No respondieron- contesta el discípulo.
Y el maestro le ordena ahora:
-Volverás al cementerio y soltarás toda clase de insultos a los muertos.
El discípulo acude de nuevo al cementerio y sigue las instrucciones del maestro. Vocifera toda suerte de imprecaciones contra los muertos y después se reúne con el maestro.
-¿Qué dijeron los muertos?- pregunta por segunda vez el maestro.
-No respondieron- contesta el discípulo.
Y el maestro concluye:
-Así debes ser tú: indiferente como un muerto ante los halagos o los insultos de las otras personas.


MarioRod dijo
que razon tienes esas palabras, y funcionan.
aunque existen personajes ,que su unica mision es insultar alos demas.
pero aun asi y todo , uno tiene que mantenerse sereno, sin perder la compostura.
Hacer oidos sordos, a tales probocaciones.
un saludo amgo.
25 Febrero 2009 | 07:50 PM