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La Coctelera

MOMENTOS DE REFLEXION

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2 Noviembre 2009

DE LAS CENIZAS

Las máximas de su padre le mordisqueaban las orejas y lo molestaban como cansados villancicos. "No hay miel sin hiel. Sin agallas, no hay gloria. Sin riesgo no hay recompensa. Tienes que pagar para jugar. Nunca sabrás hasta que lo intentes". Así sucesivamente.   Se sentó, aturdido, en un semi-trance, medio en estado de coma, medio adormecido, con matices de remordimiento y decepción marcados por un aumento ocasional de ansiedad. No podía creer que habían pasado casi cinco años desde la muerte de su papá. Parecía que fue ayer cuando se reunían en el porche trasero para celebrar las victorias, llorar las derrotas y reírse de ambas. Papá siempre tenía la frase perfecta, la motivación estricta, la voz de la sabiduría que trascendía la molestia del hombre sobre la conducta imperturbable que sonreía sin importar si ganara o perdiera, si lloviera o saliera el sol, si fuera de día o de noche. "Voy a tener que hacer frente a esto solo", pensó, golpeado por una mezcla de terror y tristeza.

Como si supiera cómo.   Una parálisis familiar se apoderó de él como una sombra de movimientos lentos, sin ser vista, añadiendo oscuridad en pequeñas etapas imperceptibles hasta que bloqueó toda la luz, manteniéndolo atado a su historia, preso de sus dudas. Sus ojos se cerraban, las manos caían desmayadas, el cuello se alargaba hacia adelante, apático y pesado.   "NO ES MÁS QUE MIEDO", gritó la voz en su cabeza."NO ES REAL", continuaba, "nunca lo fue, nunca lo será, lo sabes bien". El hombre se despertó sobresaltado y dejó aflorar una sonrisa reprimida. "Sí, papá", pensó, "Lo recuerdo. No hay nada que temer, salvo al mismo miedo. Es más fácil decirlo que hacerlo, especialmente cuando has pasado más de una vez por lo que yo". Sin embargo, la sonrisa permaneció mucho tiempo, ahuyentando la confusión.   "Es curioso cómo funciona el miedo", reflexionó el hombre, utilizando los recuerdos."Nos inmoviliza causando inacción, niega lecciones poderosas, congela nuestra creatividad". Sobre esta y otras cosas había bromeado largamente en el porche tomando té helado sin azúcar y comiendo tortillas saladas con salsa picosa. Le hubiera gustado tener un platillo de esas en ese momento.   "Los fracasos van y vienen; son parte de la vida", papá predicaba,"al igual que los triunfos. No es el fracaso lo que te hace retroceder, hijo, sino el miedo al fracaso". El hombre se esforzó por aplicar el concepto al hoy, golpeado y cansado una vez más.

El deseo a renunciar y huir desplegaba todos sus atractivos frente a él, eran muchos los bufones e imitadores que interrumpían sus propios loserismos, insultos y burlas. "Te lo dije - deberías haber escuchado- así que escapa mientras puedas- consigue un trabajo verdadero- ay, ay, ay..."   "Solo el MIEDO al fracaso..." Ese era el mandato de papá. "Eso es todo lo que es." El hombre luchó en su mente. "He fracasado muchas veces y qué. Quizás tenga éxito en la siguiente oportunidad. El fracaso no es tan malo, a menos que haga que nunca más intentes nada. " El hombre miró a su alrededor, como para evocar la imagen de su padre, un estremecimiento involuntario recorrió su espalda. "Lo sé, lo sé", habló en voz alta."A veces me toma un minuto acordarme." Se irguió, levantó la barbilla y fijó la mirada en la foto del querido anciano en la repisa de la chimenea.

"Lo sé",repitió, "Lo sé".
 

Richeli

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Jenniffer

Jenniffer dijo

Me gustó mucho. :)

4 Noviembre 2009 | 09:59 PM

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