NO SE DE POR VENCIDO
He oído innumerables historias sobre pródigos que volvieron al hogar. Una madre me contó lo siguiente:
Sin ningún aviso, Carla, nuestra única hija, se marchó de casa el día en que cumplió 18 años. Mi esposo y yo quedamos devastados; la habíamos criado en un buen hogar cristiano. No volvimos a saber de ella durante cuatro años, y en ese tiempo nunca supimos si estaba viva o muerta. Pero antes de irme a dormir cada noche, encendía la luz del porche. Veía como brillaba, y muchas veces las lágrimas me corrían por el rostro. ¡Extrañaba tanto a mi hija! Y en cada Navidad, ponía un pequeño árbol con luces delante de la casa, para ella.
Carla regresó finalmente al hogar, y me habló de lo importante que fue la luz de ese porche. Yo no sabia que ella había pasado frente a nuestra casa muchas veces tarde en la noche, y que a veces simplemente se quedaba sentada en el auto. Me dijo: "Todas las casas estaban oscuras, menos la nuestra: tú siempre dejabas una luz encendida. Y en Navidades hacía lo mismo: simplemente me quedaba oculta en la oscuridad y miraba el árbol de Navidad que tú habías puesto afuera -yo sabía que era para mí".
Mi hija está ahora felizmente casada, y tenemos dos hermosos nietos. Comparto el sufrimiento de los que esperan que un hijo pródigo vuelva a casa. Le ruego a usted que les diga que nunca pierdan la esperanza.
Creo que algo está por pasar. Cuando veo soplar el viento en la copa de los árboles, me pregunto si Dios, en Su misericordia, está encaminando los corazones de cientos de miles de pródigos hacia el hogar. Es posible que usted haya orado mucho y por largo tiempo por su pródigo, quien puede parece estar más lejos que nunca. Pero no se rinda. Siga orando.
Y deje siempre una luz encendida.
Miriam Cocom Lopez
