LA MUERTE DEL VIEJO CURA
Un viejo cura se estaba muriendo. Le envió un mensaje a un agente de la Oficina Australiana de Impuestos y a su Abogado para que vinieran a la Rectoría. Cuando arribaron fueron conducidos arriba a su recámara. En cuanto entraron al cuarto, el cura extendió sus manos y les indicó que se sentaran a cada lado de la cama. El sacerdote les cogió las manos, suspiró contento, sonrió y miró fijo al techo. Por un tiempo ninguno dijo nada.
Tanto el agente de impuestos como el Abogado estaban conmovidos y alagados de que el viejo cura les pidiera estarse junto a él durante sus momentos finales. Estaban también perplejos porque el cura nunca les había dado ninguna indicación de que a él en particular les gustara alguno de ellos.
Finalmente el Abogado preguntó, "Padre, ¿por qué nos pidió a los dos venir?"
El viejo sacerdote reunió alguna fuerza, luego dijo débilmente, "Jesús murió entre dos ladrones, y así es como me quiero ir yo también."
