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La Coctelera

MOMENTOS DE REFLEXION

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19 Septiembre 2011

EL CIERVO ESCONDIDO

Un leñador de Cheng se encontró con un ciervo asustado y lo mató. Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró en el bosque y lo tapó con hojas y ramas. Poco despues olvidó el sitió donde lo había ocultado y creyó que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera un sueño, a toda la gente. Entre los oyentes hubo uno que fue a buscar al ciervo escondido y lo encontró. Lo llevo a su casa y dijo a su mujer:

—Un leñador soñó que había matado un ciervo y olvidó donde lo había escondido y ahora yo lo he encontrado. Este hombre sí que es un soñador.

—Tu habrás soñado que viste a un leñador que había matado un ciervo. ¿Realmente crees que hubo un leñador? Pero como aquí está el ciervo debe ser verdadero— dijo la mujer.

—Aún suponiendo qué encontré al ciervo por un sueño —contestó el marido— ¿a qué preocuparse averiguando cuál de los dos soñó?

Aquella noche el leñador volvió a su casa, pensando todavía en el ciervo, y realmente soñó, y en el sueño soñó quién lo había encontrado. Al alba fue a casa del otro y encontró al ciervo. Ambos discutieron y fueron ante un juez, para que resolviera el asunto. El juez dijo al leñador:

—Realmente mataste un ciervo y creíste que era un sueño. Después soñaste realmente y creíste que era verdad.. El otro encontró el ciervo y ahora lo disputa, pero su mujer piensa que soñó que había encontrado un ciervo. Pero como aquí esta el ciervo lo mejor es que lo repartan.

El caso llego a oidos del rey Cheng y el rey Cheng dijo:

—¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?

Leído en el Libro de la Imaginación de Edmundo Valadés, original de Liehtsé.

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